LA DIMENSIÓN POLITICA DEL TRABAJO EDUCATIVO


Por Edgar Stalin Méndez Alcaraz
Secretario Político del PCM Tabasco

Hay una idea con respecto a la política y a la educación, y en mi muy particular punto de vista, es una idea errónea, basado en las experiencias cercanas que he vivido, el error se sustenta en creer que la política educativa busca establecer cotos de poder a un pequeño número de personajes, que indiscutiblemente no representan la esencia de la educación y mucho menos de los educadores. Esta cuestión política (de poder) se aleja abismalmente del propósito fundamental de la educación que consiste en formar sociedades con todos los elementos propios y adecuados que nos impulse a una evolución progresista.

En ese sentido Barreiro dice: Hay una idea subyacente a lo dicho hasta ahora. Incluso en la manera de tratar de caracterizar las personas a la cual nos dirigimos, teníamos siempre presente la idea de que la actividad educativa tiene usos sociales e intenciones políticas.

La simple observación del pasaje progresivo de interpretaciones de la educación, según sus usos sociales sugiere que la justificación atribuida al proceso educativo institucionalizado no está ni en la educación en sí misma, ni en sus posibles respuestas de “desarrollo social”.

Un análisis sociológico comprende que es la propia sociedad la que determina la manera como sus miembros, individualmente, necesitan de la educación, y los modos como cada uno puede participar de sus procesos (división social del conocimiento). Algunos sociólogos y educadores no tardaron en demostrar que esas determinaciones no son hechas “por la sociedad como un todo”, sino que responden a perspectivas e intereses de los grupos dominantes. - cualquier parecido con la realidad actual no es coincidencia ¡es la verdad! -

Así como otros integrantes de un sistema social son capaces de ser organizados como factores de conservación o modificación del propio sistema, con influencia decisiva del modo de producción y de las relaciones de trabajo resultantes, las instituciones y los procesos de la educación poseen siempre, y en cualquier sociedad:

    a. Una dimensión de especificidad, en ese caso pedagógica, a través de la cual la educación es aceptada y practicada por procesar relaciones sociales reconocidas como necesarias y previstas para el mantenimiento y el desarrollo de una determinada vida social.

    b. Una dimensión de correspondencia, en el caso, política, en la medida en que se combina con otros modos de intervención social operacionalmente diferentes, pero convergentes a un mismo “objetivo social”: la conservación de los elementos básicos de la estructura social.

Las respuestas sociales interventoras no son determinadas en la propia esfera de opción restrictiva de cada uno de los varios modos de intervención social sistematizada. Respecto de la educación, es evidente que no son los educadores quienes determinan su significado social y la manera como será ofrecida y realizada “oficialmente”.

Esas respuestas sociales no son igualmente determinadas por la “sociedad en integral” en beneficio de “todos” sus miembros. Son elegidas e impuestas por los grupos sociales que defienden intereses específicos de su situación dentro de la sociedad y que, al mismo tiempo, controlan los modos específicos y los usos políticos de la intervención social.

¡Vaya! ¡vaya! Parece una imagen fiel de lo que se está viviendo en la actualidad, - con la diferencia que en esta ocasión una pandemia sirve como argumento solido para tal afirmación – y en otros momentos históricos, es decir, ya desde hace décadas la educación a sido secuestrada por intereses de unos cuantos de un grupo social dominante.

En este sentido abunda Barreiro: según la opinión de muchos profesionales o voluntarios dedicados, con los mejores propósitos personales, a la educación, ésta podría mancharse en sus objetivos “más elevados” si fuese mezclada con metas políticas. Si existe una “explicación política” casi siempre no explicita al público para la educación escolar oficial, de niños y adolescentes, cuyos efectos sociales más importantes tienen alguna vigencia solo a mediano y largo plazo.

Considero que es muy importante valorar la intervención de los docentes para determinar el desarrollo social que sea en beneficio de todos y no solo de unos cuantos. La situación magisterial actual es caótica, la brecha generacional ha crecido y es muy marcada, aunado a esto la presencia de organizaciones sindicales dirigidas por corruptos, divide y promueve la división, así como fortalece la ausencia de ideologías propias de los retos que se presenten y finalmente los debilitadores sociales que usan las plataformas digitales para alienar y monetizar usando a los jóvenes docentes. Hay mucho por ser y hacer, solo es cuestión de intervenir. 

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