ACUERDO 25/09/25 UN PARCHE EN LA PROTECCIÓN INFANTIL Y JUDICIALIZACIÓN DE LA LABOR DOCENTE.
En septiembre de este año, la Secretaría de Educación Pública lanzó el Acuerdo 25/09/25, un documento que busca proteger a niñas, niños y adolescentes de la violencia sexual y el maltrato dentro de las escuelas. Sobre el papel, suena esperanzador. Pero quienes vivimos la realidad educativa en carne propia —como padres, maestros y estudiantes— sabemos que entre el dicho y el hecho hay mucho trecho. Y que la realidad en las aulas supera por mucho la realidad de las oficinas de la SEP.
Desde la criticidad el Acuerdo 25/09/25 se encuentra subsumido entre la Intención y la Realidad
Principales ejes del acuerdo:
- Prevención primaria mediante sensibilización y formación docente.
- Atención integral a víctimas: detección, notificación, intervención y seguimiento.
- Medidas de no repetición con enfoque de derechos humanos.
- Coordinación interinstitucional entre SEP, PFPNNA, PPNNA y otras entidades.
Aunque el acuerdo representa un avance normativo importante, su implementación enfrenta serios obstáculos estructurales:
1. Infraestructura insuficiente
- Muchas escuelas carecen de espacios adecuados para garantizar privacidad, seguridad y atención emocional.
- Aulas con más de 40 alumnos dificultan la detección de casos de abuso o maltrato.
2. Carga laboral docente
- Los maestros enfrentan sobrecarga administrativa y grupos numerosos, lo que limita su capacidad de observación y seguimiento individual.
- La formación en protocolos de atención a la violencia requiere tiempo y recursos que muchas escuelas no tienen.
- Docentes que, además de enseñar, deben fungir como orientadores, enfermeros, mediadores y ahora también como detectores de abuso.
3. Falta de personal especializado
- La mayoría de las escuelas no cuenta con psicólogos, trabajadores sociales o personal capacitado para intervenir en casos de violencia.
- La atención recae en docentes sin preparación profesional en salud mental o derechos humanos.
4. Contexto social adverso
- En zonas marginadas, la violencia estructural y familiar es frecuente, lo que complica la aplicación de medidas de no repetición.
- El miedo a represalias o la normalización del maltrato impide que muchos niños denuncien.
- ahora con el presente acuerdo se legaliza las llamadas al 911 para que autoridades policiales intervengan en las escuelas, ¡cómo es posible!
Así de esta formo nosotros docentes: somos héroes sin capa, sin recursos y sin respaldo
El acuerdo deposita una enorme responsabilidad en los maestros, pero no les da herramientas reales para cumplirla. Se les exige detectar, notificar, intervenir y acompañar, pero:
- No se nos libera de carga administrativa.
- No se nos garantiza formación especializada ni tiempo para capacitarse.
- No se nos protege ante posibles represalias de padres o comunidades.
- No se nos garantiza el debido proceso ni la debida diligencia
- No se nos respeta nuestros derechos humanos
En muchos casos, el maestro que denuncia, o es acusado termina siendo señalado, aislado o incluso removido. ¿Dónde está el respaldo institucional?
Reafirmo que la brecha entre el discurso y la acción es lesiva, dolosa y profunda.
El Acuerdo 25/09/25 es parte de una narrativa gubernamental que busca mostrar sensibilidad ante los derechos de la infancia. Pero sin presupuesto, sin personal especializado y sin transformación estructural, el acuerdo corre el riesgo de convertirse en un documento más que se archiva en las oficinas de supervisión escolar, o peor aún en el arma para judicializar la labor docente y ser mal usado para cometer todo tipo de fechorías en contra de los docentes, como ya sucede actualmente.
La protección infantil no se garantiza con protocolos, sino con condiciones dignas: escuelas seguras, aulas con 25 alumnos máximo, docentes capacitados, atención psicológica accesible y comunidades informadas.
Si el Estado mexicano realmente quiere blindar a la infancia contra la violencia, debe empezar por dignificar el entorno escolar. Eso implica:
- Reducción de la sobrepoblación en aulas.
- Contratación de personal especializado en cada plantel.
- Inversión en infraestructura escolar.
- Formación continua y remunerada para docentes.
- Protocolos que no solo se escriban, sino que se vivan.
La mejor opinión es la tuya, déjame tu comentario y comparte si estás de acuerdo con lo propuesto.

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